martes, 15 de noviembre de 2016

Microrrelatos:

Los abajo delirantes…

Carnívoras
Hay que ver esas lenguas rosas enroscadas, sudando fluidos traslúcidos, devorándose famélicas. Sin embargo, esto que puede semejar erotismo, es botánica.

Plan económico
El gobierno anunció que va a repartir la riqueza equitativamente, y también, que no nos va a tocar nada.

Dependencia emocional
Ella me dejo, se fue. Decía que un día se lo iba a agradecer. Me largó porque  yo la agotaba mentalmente, eso decía, y que no sabía valerme por mi mismo. ¡Estúpida! Se fue y ni siquiera me dijo donde me dejó.

Encarnación
En su otra vida, fue un tipo que no se conformó con una sola muerte.

Nada
Se acurruca de espaldas a mí en un extremo de la cama. Yo, en el otro.  En el medio, el fondo del mar.

Preludio
Nos acercamos mirándonos. Nos alejamos desmirándonos. Nos amamos en ese rinconcito de tiempo donde los ojos se besaron por un segundo infinito.

Oriente medio

¡Sonríe! Dios te arma.

miércoles, 19 de octubre de 2016

El siguiente texto habita en el libro "¡Basta! 100 hombres contra la violencia de género" en la página 30.
Una contribución mínima contra el flagelo que nos azota.

Box amateur


—Es verdad señor juez, yo maltrate a mi esposa, bueno, la golpeaba, pero conste que para que pudiera defenderse le di los mejores guantes de ocho onzas que pude conseguir, los Everlast. ¿Los conoce?






martes, 11 de octubre de 2016

Los editores de Basta Argentina te invitan a la presentación del libro

¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género

a realizarse el viernes 14 de octubre del 2016, a las 19:30

en AUDITORIO TEA

Lavalle 2083
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

 
100 microficciones escritas por 100 escritores argentinos de todo el país.
Forma parte del proyecto inciado en Chile y hoy se extiende por toda Latinoamérica.

Habrá lectura a cargo de autores y antólogos, muestra de artistas plásticos y música.

Editores:
Amor Hernández, Fabián Vique, Leandro Hidalgo,
Miriam Di Gerónimo y Sandra Bianchi

Los cien autores:
Alberto Femia,  Alejandro Bentivoglio,  Alejandro Miguel
Orellana,  Alejandro Pedro Destuet,  Armando Macchia
Camilo Sánchez,  Carlos Aldazabal,  Carlos Manuel Casali
Carlos Norberto Carbone, Claudio Sylwan,  Cristian Jesús
González,  Daniel Fermani,  Daniel Frini,  David Slodky
Diego A. Cutuli,  Diego Alejandro Majluf,  Diego Kochmann
Diego Martín Lanis,  Diego Niemetz,  Eduardo Vardé
Eduardo Gotthelf,  Eduardo Mancilla,  Emiliano Ángel
Griffone, Emiliano Pintos,  Enrique del Acebo Ibáñez
Ernesto Parrilla Paredes,  Esteban Rodolfo Mederake
Eugenio Mandrini,  Ezequiel Wajncer,  Fabián Castellani
Fabián Ostropolsky,  Fabricio Pippi,  Facundo López
Federico Batllori,  Félix Ángel Córdoba,  Fernando M. Blasco
Gastón Domínguez, Germán Estrella,  Hugo Francisco
Rivella,  Hugo A. Gonza, J. González,  Javier Touza, Jorge
Gómez,  Jorge Otegui,  José Luis Saddi,  José María Guerrero
Juan José Panno,  Juan Manuel Montes,  Juan Manuel Valitutti
Juan Marcelo Sosa,  Juan Pablo Goñi Capurro
Juan Pablo Portugau,  Juan Romagnoli, Julio Diaco
Julio Tala,  Leo Cuello, Leo Mercado, Leonardo
Dolengiewich,  Lucas Simó,  Luciano Doti, Luciano
Rodríguez,  Luis Darío Salamone,  Luis Ferrarassi, Marcelo
Fernández,  Marcos Andrés Ponce De León,  Mariano
Ambrosino Roulier,  Mario César Lamique,  Mario Goloboff
Martín Gardella,  Mateo Rinland,  Matías Iacono,  Miguel
Lisanti,  Miroslav Scheuba,  Omar Julio Zárate, Omar Ochi
Orlando Romano, Orlando Van Bredam, Pablo Altieri
Pablo Darío Colombi,  Pablo Dema,  Pablo Doti,  Pablo
Lautaro,  Pablo Melicchio,  Ramiro Esteban Zó
Raúl Borchardt,  Raúl Brasca,  Ricardo Alberto Bugarín
Roberto Perinelli,  Rodolfo Lobo Molas,  Rodrigo Ariel
Iñíguez,  Rogelio Ramos Signes,  Rubén Faustino Cabrera
Salvador Biedma,  Salvador Verzi, Sandro Centurión
Saurio,  Sergio Cossa,  Sergio Gaut Vel Hartman
Tomás Ignacio Rossi, Walter Sobel

Agradecemos la difusión de este evento.

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Sumo - Mañana en el abasto (videoclip)

domingo, 2 de octubre de 2016


Los siguientes textos, pueden herir la susceptibilidad del lector.



“Recuerdo de Luján”

Me acosté temprano, tipo doce, pero demoré en dormirme. Me revolcaba en la cama hasta que todo se oscureció, cómo que se apagó la luz en la tiniebla que ya ejercía. Entonces me di cuenta que llegue tarde a un sueño que estaba ocurriendo en mi cabeza, les explico: Era una enorme pompa de nylon traslúcido donde, personas allegadas a mí, de distintas épocas y circunstancias, charlaban animados. Una de ellas, mi amor imposible. Estaba preciosa. Comentaba que hoy sí, hoy mismo me confesaría que me ama locamente y lo dejaría todo por mí. ¡Carajo…! Y yo acá afuera, orbitando la nebulosa, rasguñando la ampolla onírica, desencajado. Flotando en el líquido amniótico fluorescente, ajeno, lejano. Sin poder participar de mi propia fiesta. Intenté pinchar el globo, despertar para que comience de nuevo, pero no tuve la suerte que siempre ayuda en estos casos. Abatido, me deje abducir por el sueño. Al levantar los párpados con las primeras luces del día, la veo, fosforescente. La burbuja con la virgen del Luján en la mesa de luz.


Prospectiva

¡Cuidado! El amor puede ser el efecto secundario de algo más peligroso.


Hábito

De tanto, tanto, tanto mirar la tele, a los seis años se me cayeron los ojos, pero porque eran de leche.

No diga que no le avisé

Apure a leer este nanorrelato porque es biodegradabl…


Osho en uno: Autoayuda para golfistas.



domingo, 28 de agosto de 2016

Textos apócrifos

Y un día, un hombre primigenio y sensible, pasó la noche observando las estrellas, la inmensa profundidad del cosmos vivo. Imaginó, en su desconcierto, lo indecible, palpitando ideas, y se sintió huérfano. Fue entonces que comenzó a crear a Dios, tal como lo desconocemos. Luego, otros lo siguieron, sin saber que hubo uno antes, un principio, como algo natural y necesario. Las bestias duermen y él se siente seguro de que, por ésa noche, no lo atacarán. Porque tiene algo que lo protege aunque, todavía, no sabe bien qué es. También sabe que los depredadores no atacan de noche. Cerca o lejos, un volcán erupta a carcajadas sus entrañas de fuego líquido sobre la anatomía de las cuevas que esperaron predestinadas que espabilara. Aves desparramadas por el cielo dieron el alerta, y lo creyeron castigo por tanto atrevimiento y se entregaron como mansa ofrenda. La faz de la superficie arrugó, surgieron praderas, selvas y glaciares. Desiertos, montes y cascadas. Agua y fuego. Frutos y trigales, oro y jade, tribus y lenguas, amos y esclavos, y la semilla estaba germinando.


Planeta felino

Cuando los gatos dan inicio a su periplo nocturno por los techos, buscan alguna altura razonable o la que tengan a mano y observan a la luna por unos instantes. Luego, continúan con su rutina a cuatro pasos, sin sonido, por vez. Si no está la luna, salen igual. Las caras de la luna pueden hechizar a las mareas, enamorar, iluminar o permanecer secreta, ensombrecer de eclipse al mismísimo sol, pero jamás prevalecer en el instinto misterioso de un gato.

Fe de (posibles) ratas

El pueblo egipcio veneraba, con exasperante devoción, al sol, a la luna, al faraón, a la esposa del faraón y, por las dudas, al gato del faraón.


Universo
Poema de un solo verso, pero con desenlace infinito.


Epitafios:
En la lápida de un publicista: “Raspe para saber quién yace aquí”



martes, 19 de julio de 2016


Todos tus textos


Guarde cada una de tus cartas (que no fueron demasiadas ni edificantes) en el último cajón de la cómoda, rozando el suelo. Las envolví con ropa que me aprieta, para que no escapen, para que cada palabra se consuma y, en lo posible, expire. Para que la humedad haga su trabajo y los bichos que comen papel ayuden y engorden. Fue a modo de conjuro. Figuré una cárcel para ellas, porque son culpables de amarte y no ser amado y eso, merece la pena capital del olvido.


Momento severo
Cuando entra, él está sentado en el único sofá. Fuma. No se saludan. Da una pitada profunda y destructiva. Hebras de humo se trenzan en el aire mientras se elevan, quieren bailar, hacen arte irrespirable. La ceniza crece en un equilibrio precario entre los dedos temblorosos y amarillos de nicotina percudida. Desafía la física hasta que cae en el pantalón, azul, brilloso de mugre, a la altura de la rodilla. Tose. El silbido de los fuelles denota abuso y límite, capacidad agotada. Él, la mira por un segundo. Ella, lo observa por dos segundos. Las miradas no coinciden. Ella no soporta más y se retira del recinto con la ropa, el cabello y su vida contaminada. Él no emitió palabra y ella tampoco lo hizo mientras estuvo. Solo, fuma. El faso no se queja, no opina, acompaña y muere al quinto o sexto beso. Tres dedos lo arrugan contra el cementerio de puchos de hoy y de ayer. El cigarrillo amigo, fiel compañero de soledades, el único fiel de los presentes y ausentes.


Cosmogonía
Un cometa es una estrella fugaz embarazada de mil años luz.


Lapsus

En el libro de supersticiones hay un salto desde la página doce a la catorce.


Meta-Saurios

Es dable suponer que, estando la tierra aún caliente, los primeros seres vivos en habitarla hayan sido los canguros.


jueves, 16 de junio de 2016

Tiempo líquido


Oportunista

Un veterano marino, navegó en su velero para conocer “El faro del fin del mundo”. A poco de llegar a destino, una tempestad lo alejó a barlovento y debió capear incontables millas náuticas. Viró guiado por el azar, porque los instrumentos bajaron a situarse en el museo del fondo del mar del sur. De regreso, divisó en el horizonte del océano, el inconfundible haz de luz de su baliza. Agradecido a la suerte, lo rebautizó “el faro del comienzo del mundo”.

Presagio

A modo de recuerdo por ese efímero amor de verano, guardo la rosa entre las hojas del libro que los había unido por casualidad. Transcurrió un año, llegó el verano y el libro se marchitó.


Datos personales:

Mi vida ha transcurrido de fracaso en fracaso con relativo éxito.

Apocalipsis Nau

Cambio de paradigma. La séptima plaga es el capitalismo.

Literatura de mercado

La vuelta al mundo en ochenta cuotas.




jueves, 12 de mayo de 2016

Polución nocturna



Estrategia de mercado

A mediados de los convulsionados años ´70, mi padre y un inversionista sellaron una sociedad y ampliaron la quebrada carpintería del abuelo. El tipo no me caía bien, era raro y se jactaba de tener “contactos arriba”. Comenzaron a fabricar ataúdes. Acordaron un compromiso comercial con una mutual y una casa de servicio de velatorios y sepelios. Al poco tiempo y gracias al visionario socio, tuvieron como aliado “involuntario” al gobierno que participaba en llenar los cajones y cerraba el círculo del prospero negocio.





Declaración jurada

-¡Te amo…lo juro!


Síndrome del dinosaurio resucitado

…y cuando despertaron, dos mil años después, el crucificado todavía estaba ahí.


Descuido

Todavía no entiendo por qué la inquisición dejó libre a mi suegra.


S.O.S.
Destapé una Coca Cola para mi sobrino y leí en el interior de la tapita que decía: “Déjennos participar…” Debió ser uno de esos duendes proletarios, prisioneros en las botellas no retornables.


domingo, 17 de abril de 2016

Sexo mandamiento


Nuestra familia es numerosa, pobre y numerosa. Convivíamos en una humilde casa de campo en los arrabales del pueblo, con algún que otro agregado de procedencia incierta.

Tengo dos tíos gemelos que ya no viven con nosotros por una razón que tomó estado público. Yo era un pibe y no supe interpretar el episodio hasta adulto. Ambos casados en primeras nupcias. Perca, trabajador y dedicado. Tito, vago y trasnochador.
Abuela Geroma, puso el cuerpo a doce partos naturales. Siempre sabia e irónica, llegó un día con la novedad que una de mis tías había quedado preñada. A su debido tiempo biológico, nació mi primo, luego bautizado: Santo.

Bien amamantado por tetas generosas, se crió saludable y de cachetes rosados, como los demás. Para los que caminaban, pan casero y mate cocido, servidos en la mesa comunitaria del patio de mi infancia. Con ropa heredada de los que iban pegando el estirón y a corretear entre los girasoles. La vida era alegría.
Aquel mediodía de domingo, con familia a pleno y fideos caseros, fue que Santito se atrevió a balbucear su primera palabra. Gateó hasta donde se encontraba sentado su tío, el picaflor. Le estiró los bracitos y lo llamó:
-¡Papá...!

Su vocecita sonó como un trueno con cielo despejado y atragantó el almuerzo. Apenas recuperados del pasmo, todos creyeron en la intuición de la criatura. Nadie aceptó la explicación indolente de la adúltera, quién afirmaba no poder distinguirlos con la precisión esperable, en medio de la oscuridad. Mucho menos, admitieron el vacilar del traidor. Ese día imposible para nuestra dignidad católica, el clan, comenzó a dispersarse y la mujer, aprendió a reconocer a su esposo en los tribunales de familia.